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La expectativa también rompe relaciones

Serie - Sanando Relaciones - 3 - La expectativa también rompe relaciones


Hace poco, en un intercambio de correos con una madre que atraviesa una relación difícil con sus hijos, apareció un tema que veo con mucha frecuencia cuando trabajamos relaciones que duelen.


Las expectativas.


Esperamos que el otro entienda.

Esperamos que el otro cambie.

Esperamos que el otro reconozca lo que hizo.

Esperamos que el otro repare.


Y cuando eso no ocurre, aparece la frustración.


Luego el resentimiento.


Y finalmente el silencio.


Muchas relaciones no se rompen en una discusión. Se rompen en ese proceso lento en el que la expectativa se transforma en decepción.


Muchas relaciones no se rompen por lo que se dice, sino por lo que se espera… y nunca se habla.
Muchas relaciones no se rompen por lo que se dice, sino por lo que se espera… y nunca se habla.

La expectativa es silenciosa


Lo curioso de la expectativa es que muchas veces ni siquiera la expresamos.


Simplemente creemos que el otro debería saber.


Que debería entender. Que debería reaccionar. Que debería actuar distinto.

Pero el otro vive en su propia historia, con sus propias heridas y con su propio nivel de conciencia.


Y lo que para ti es evidente, para el otro puede no existir.


Cuando la expectativa se convierte en exigencia


Hay un punto en el que la expectativa deja de ser un deseo y se transforma en exigencia.


“Deberías haber hecho esto.”

“Deberías entenderme.”

“Deberías cambiar.”


El problema es que cuando el vínculo se llena de “deberías”, deja de ser un espacio de encuentro y empieza a convertirse en un campo de juicio.


Y nadie crece bien en un espacio donde se siente constantemente evaluado.


La pregunta que siempre aparece


Cuando hablamos de revisar nuestras expectativas o cambiar la forma en la que nos relacionamos, aparece una pregunta que escucho mucho en sesiones:


“¿Y por qué tengo que cambiar yo? ¿Dónde quedo yo en todo esto?”


Es una buena pregunta.


Y merece una respuesta honesta.


En esos momentos suelo hacer tres preguntas.No para convencer a nadie de quedarse en una relación, sino para mirar la situación con más claridad.


1. ¿Sientes está tu dignidad comprometida… o es tu ego el que está herido?


No es lo mismo.

Hay situaciones donde la dignidad está realmente comprometida: abuso, maltrato, humillación constante.


En esos casos el problema no es negociar la relación. El problema es protegerte.


Pero muchas veces lo que está herido no es la dignidad.


Es el ego.


Y cuando es el ego quien habla, reaccionamos desde la necesidad de tener razón, no desde la intención de cuidar el vínculo.


2. En este momento de tu vida, ¿qué es más importante para ti?


Mantener la relación y negociar…o terminarla.


No hay respuestas correctas.


Pero sí hay algo importante: ser honestos con nosotros mismos.


Porque a veces decimos que queremos salvar la relación, pero actuamos como si quisiéramos ganar la discusión.


Y son cosas distintas.


3. Imagina el peor escenario


Supongamos que la otra persona no cambia. No se adapta a tus expectativas. No reacciona como tú quisieras.


Entonces aparece la pregunta difícil:


¿Qué es lo peor que puede pasar?


Y la más importante de todas:


¿Puedes vivir con eso?


Porque muchas relaciones no se rompen por el conflicto…se rompen porque nadie se hace esta pregunta con honestidad.


Soltar la expectativa no es resignarse


Soltar expectativas no significa aceptar cualquier cosa.


Significa dejar de intentar controlar el proceso interno del otro.


Cuando soltamos esa necesidad de controlar, algo cambia.


La conversación se vuelve posible. La escucha aparece. El vínculo deja de ser una negociación permanente.


El silencio también habla


Muchas personas interpretan el silencio como rechazo.


A veces lo es.


Pero otras veces el silencio es simplemente falta de herramientas.


Hay personas que no saben cómo hablar de lo que sienten. No saben cómo reparar. No saben cómo acercarse después de un conflicto.


No, porque no quieren.


Sino porque no aprendieron.


Comprender esto no resuelve todo. Pero cambia la forma en que interpretamos al otro.


Cierre


Las relaciones no se reparan solo con buenas intenciones.


Se reparan con conciencia. Conciencia de nuestras heridas. Conciencia de nuestras reacciones. Conciencia de nuestras expectativas.


Cuando empezamos a ver esto con claridad, el vínculo cambia.


A veces el otro cambia contigo. A veces no.


Pero tu manera de relacionarte sí.


Y muchas veces, ese es el inicio de algo distinto.


Si quieres profundizar en cómo tus heridas influyen en tus relaciones y aprender herramientas concretas para transformarlas, te invito a conocer el curso Sanando Relaciones. Es un proceso online diseñado para que, desde tu casa y a tu ritmo, puedas revisar tu historia, entender tus patrones y comenzar a relacionarte desde un lugar más consciente.


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Porque sanar relaciones no empieza cambiando al otro. Empieza entendiéndote mejor a ti.

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