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La culpa no repara lo que duele

Serie - Sanando Relaciones - 2.- La culpa no repara lo que duele.


En mis conversaciones con las personas con las que trabajo, hay una reflexión que aparece con mucha frecuencia…


Un padre, una madre, un hijo, una esposa, años después, mirando hacia atrás y diciendo:

“Debí hacerlo distinto.”

“No supe.”

“Me equivoqué.”

“Perdí.”


Y en ese momento aparece la culpa.

Pesada.

Persistente.

Desgastante.


Y pocos nos detenemos a preguntarnos:

¿La culpa ayuda… o solo castiga?


La culpa castiga. La responsabilidad transforma
La culpa castiga. La responsabilidad transforma


La culpa parece noble, pero no siempre ayuda

Como toda emoción, la culpa no se puede contener. Va a salir. Y sentir culpa puede ser una señal de conciencia.


Indica que hoy vemos algo que antes no veíamos.


Hasta allí, es útil.


A partir de aquí, con conciencia, debemos aprender a hacernos cargo de ella e intervenirla.

El problema comienza cuando la culpa deja de ser señal y se convierte en identidad.


Cuando el pensamiento cambia de:

“Me equivoqué.”

a

“Soy un error.”


Ahí ya no estamos hablando de responsabilidad.Estamos hablando de auto-castigo.


Y el auto-castigo no repara relaciones.Solo desgasta la energía que necesitamos para reconstruirlas.


El error más frecuente: juzgar el pasado con herramientas del presente

Hoy sabemos más. Al menos, tenemos más información al alcance de todos.


Tenemos lenguaje emocional. Hablamos de límites, apego, heridas, validación.


Pero cuando ocurrió lo que ocurrió…¿teníamos eso?¿tenían nuestros padres hace 30 o 40 años acceso a terapia, a libros, a conversaciones como estas?


Esta es la pregunta incómoda:

¿Podías actuar de manera diferente con las herramientas que tenías en ese momento?


La respuesta honesta, muchas veces, es no.


No porque todo estuvo bien.

No porque el daño no existió.

Sino porque no se puede elegir lo que no se conoce.


Nadie, en su sano juicio, toma la peor decisión a propósito.


Incluso cuando todas las opciones son malas, se elige la menos mala según la información y experiencia disponibles.


La información cambia.

La experiencia cambia.


Pero las decisiones ya fueron tomadas.


Culpa y responsabilidad no son lo mismo

La culpa mira hacia atrás y se queda allí.


La responsabilidad mira hacia adelante y pregunta:

“¿Qué puedo hacer distinto ahora?”


La culpa paraliza.

La responsabilidad moviliza.


La culpa dice: “Ya es tarde.”

La responsabilidad pregunta: “¿Qué depende de mí hoy?”


Esa diferencia es todo.


No se trata de justificarse

Aceptar que hiciste lo que pudiste no es excusarte.

Es contextualizar.


Justificar sería negar el daño.

Contextualizar es reconocerlo sin destruirte.


Porque si te destruyes, ¿desde dónde reconstruyes?

Si te defines solo por tus errores, ¿qué versión tuya le ofreces hoy a tus hijos?


A veces el perdón no llega cuando uno quiere

Hay hijos que necesitan tiempo.

Hay heridas que no cicatrizan al ritmo de nuestra conciencia.


Eso no significa que no haya cambio.

Significa que el proceso no es unilateral.

La única transformación que sí está bajo tu control es la tuya.

Y esa transformación comienza cuando cambias la pregunta:


No es:“¿Cómo borro lo que pasó?”

Es:“¿Desde qué lugar me relaciono ahora?”


Soltar la culpa no es olvidar

Soltar la culpa no significa decir “ya pasó”.

Significa dejar de golpearte por algo que, en ese momento, no sabías hacer diferente.


Significa recuperar energía para:

Escuchar mejor.

Hablar distinto.

Esperar sin presionar.

Estar disponible sin invadir.

La culpa consume.

La paz construye.


Una decisión adulta

Si hoy te cuestionas, eso ya dice algo de ti. Y es importante.


El padre, la madre, el hijo, la hija, el esposo o la esposa que reflexiona no es el mismo que actuó desde la ignorancia.


Tal vez la relación no se recupere mañana.Tal vez el hijo necesite tiempo.

Pero si tú cambias de lugar interno, la forma en la que te relacionas también cambia.

No porque lo controles.Sino porque dejas de actuar desde el remordimiento y empiezas a actuar desde la conciencia.


Y eso, aunque no lo veas de inmediato, sí se siente


¿Que opciones tengo?


Si al leer esto te diste cuenta de que la culpa sigue ocupando demasiado espacio en tu vida, quizás sea momento de trabajarla con más profundidad.


El curso Sanando Relaciones está disponible en formato online. Es un proceso estructurado, con ejercicios concretos y herramientas prácticas para que, desde tu casa y a tu ritmo, puedas revisar tus heridas y aprender a relacionarte desde un lugar más consciente.



No es una promesa de reconciliación inmediata. Es una invitación a transformación personal.


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El pasado ya ocurrió.

Lo que sí puedes elegir es desde dónde te vas a relacionar a partir de hoy.

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