top of page

Padres que se quedan solos: cuando juzgar es más fácil que comprender.

Actualizado: hace 1 día

Serie - Sanando Relaciones - Padres que se quedan solos: cuando juzgar es más fácil que comprender.


A veces no es abandono: es una historia herida que aún busca comprensión.
A veces no es abandono: es una historia herida que aún busca comprensión.

Cada tanto escucho frases como estas:


“Qué padre tan terrible, mira cómo lo dejaron solo.”

“Si los hijos se van, por algo será.”

“Los hijos no abandonan a padres buenos.”


Y aunque suenan lógicas, suelen ser profundamente injustas.


Porque no todo padre que se queda solo fue un mal padre.A veces fue un padre herido, sin herramientas, sin apoyo, criando desde lo único que conocía.


El juicio rápido tranquiliza… pero no explica

Juzgar es cómodo. Nos da una falsa sensación de orden: bueno–malo, culpable–víctima. El problema es que las relaciones humanas no funcionan así.

Cuando un hijo se aleja, el dolor suele ser tan grande que olvidamos hacernos una pregunta básica:

¿Quién era ese padre o esa madre antes de ser juzgado desde el resultado final?

Nadie cría en el vacío. Se cría desde una historia, desde heridas, desde miedos, desde carencias.


Padres que no fueron terribles, sino solos

He acompañado a padres y madres que criaron:

  • Sin pareja

  • Sin red de apoyo

  • Sin orientación

  • Sin descanso


Personas que emigraron, que trabajaron de más, que se endurecieron no por crueldad, sino por supervivencia.


¿Se equivocaron? Sí.

¿Hicieron daño? Probablemente.

¿Podrían haberlo hecho mejor con las herramientas que tenían en ese momento?Posiblemente no.


Cuesta creer que un padre o una madre, sabiendo que está dañando deliberadamente a un hijo, decida seguir adelante sin que algo interno se quiebre.


En la gran mayoría de los casos, lo que solemos ver no es maldad consciente, sino ignorancia emocional, miedo, cansancio, repetición y supervivencia.


El cuestionamiento aparece después. Aparece con la distancia, con el silencio, con la pérdida.


No durante el caos.


El pasado no se reescribe, se reinterpreta

Uno de los mayores errores que cometemos es mirar el pasado con la conciencia que tenemos hoy.


Hoy hablamos de límites, de emociones, de crianza respetuosa. Hoy hay libros, cursos, terapeutas, redes sociales, palabras nuevas para dolores viejos.


Y aun así, seguimos siendo padres con heridas. Seguimos reaccionando antes de pensar. Seguimos repitiendo, aunque sepamos más.


Ahora imagina hacerlo hace veinte o treinta años.

Sin lenguaje emocional.

Sin acompañamiento.

Sin tiempo.

Sin red.


Muchos padres no estaban educando: estaban resistiendo. Resistiendo la vida, la migración, la soledad, el abandono, la precariedad emocional.


No es una excusa. Es contexto.


Y sin contexto, cualquier juicio se vuelve liviano… pero injusto.


Cuando los hijos se van, no siempre es abandono

Hay hijos que se alejan para protegerse. Hay padres que se quedan porque no saben cómo acercarse sin dañar.


Y hay silencios que no son indiferencia, sino miedo:

  • Miedo a insistir y perderlo todo

  • Miedo a decir algo incorrecto

  • Miedo a confirmar que ya es tarde


A veces, quedarse solo no es castigo. Es el resultado de una historia que nadie supo reparar a tiempo.


Antes de juzgar, intenta comprender

No, no todos los padres fueron buenos. Pero tampoco todos los padres que se quedaron solos fueron terribles.


Algunos hicieron lo mejor que pudieron,con lo poco que tenían, en medio de su propia herida.


Un mensaje para ambos lados

Si eres padre o madre y hoy estás lejos de tu hijo, no te rindas. Pero tampoco empujes.

Insiste desde un lugar distinto: desde la calma,desde la coherencia, desde la paz que aparece cuando dejas de castigarte.


A veces el hijo no vuelve porque no puede, no porque no quiera. Necesita tiempo. Proceso. Distancia.


Y ese tiempo no siempre coincide con el tuyo.


Y si eres hijo, quizás valga la pena hacerte una pregunta incómoda: ¿y si tu padre o tu madre no fueron malos… sino profundamente heridos?


Tal vez una llamada. Un “¿cómo estás?”. Un gesto pequeño.

No para borrar el pasado, sino para no seguir agrandando el silencio.

Comprender no repara todo. Pero puede abrir una grieta.


Y a veces, una grieta es todo lo que hace falta para que algo distinto empiece a entrar.


Si este articulo te movio algo, y quieres trabajar en eso, contactame aqui.


Si crees puede ayudar a alguien, reenviaselo.


Comentarios


bottom of page