top of page

SER O HACER - La ansiedad al no hacer nada



En ese momento lo veía como un tema de equilibrio.

Hoy lo veo distinto.

Y lo se, lo he vivido.


Porque, con el tiempo, entendí que el problema no es no conocer la diferencia entre ambos.


El problema es que muchas personas nos perdemos cuando dejamos de hacer.


Me encuentro entre ese grupo de personas que sienten ansiedad cuando no están haciendo nada.


Y no hablo de flojera.

Hablo de algo mucho más profundo. Hablo de simplemente descansar, tomar un rato libre sin justificarlo, sin producir, sin un fin claro.


Hablo de esa sensación incómoda que aparece cuando el teléfono deja de sonar, cuando no hay nada pendiente, cuando por un momento el cuerpo se detiene… pero la mente no.


Algunas personas sienten inquietud. Otras culpa. Otras una angustia difícil de explicar.

Algunas, las 3 a la vez, y sin saber su origen, solo lo sentimos, y además lo sentimos como normal.


Pero llega el momento y muchas veces el cuerpo lo dice antes que uno mismo.


El corazón se acelera.

La respiración cambia.

La boca se seca.

El cerebro no para de pensar: ¿Qué hago?, tengo pendiente…


Hay necesidad de moverse, de buscar algo que hacer, aunque no haga falta.

Cuerpo, emociones y mente se cohesionan y creemos que es normal, sentimos que es normal y, además, necesitamos, sin saber por qué, que sea normal.


Durante mucho tiempo pensé que esto tenía que ver solamente con disciplina, exigencia o personalidad.


Hoy creo que muchas veces tiene más que ver con las heridas. Con historias que nos contaron y escuchamos, de las que fuimos testigo mucho antes de nuestra vida adulta.


Voces que no son nuestras, pero las adoptamos, y no sabemos como soltarlas.


“La ociosidad es la madre de los vicios”,

“Siempre hay algo que hacer”,

“La palabra fastidio no existe”,

“Todo se gana haciendo y trabajando duro”…


Esas son las mías.


¿Las tuyas cuales son?


Esas voces, ese sistema, nos define y nos hace actuar inconscientemente, automáticamente, para cubrir diferentes necesidades nuestras, como por ejemplo:


a.- Hay personas que crecieron sintiendo que tenían que destacar para ser vistas.

Entonces aprendieron a producir, a resolver, a demostrar constantemente su valor.

Y sin darse cuenta, construyeron una ecuación peligrosa:

HAGO = VALGO

Si produzco → importo.Si resuelvo → tengo lugar.Si aporto → merezco ser querido.


b.- Otras personas crecieron sintiendo que tenían que estar para todos.

Escuchar.Sostener.Ayudar.Resolver.

Y aprendieron que descansar era egoísmo, que pensar en ellas mismas era casi culpa.

Entonces viven agotadas… pero sin permitirse parar.


c.- Y también están quienes crecieron sintiendo que no podían bajar la guardia.

Personas que aprendieron a ser fuertes demasiado temprano.

A controlar. A aguantar. A no mostrar cansancio.

Y por eso, incluso cuando descansan, el cuerpo sigue en tensión.

Porque para ellas parar se siente peligroso.


La experiencia de vida y mi cuerpo con el tiempo me enseñaron algo:

Muchas veces el hacer no es propósito.

Es supervivencia emocional.

Es una forma de no sentir el vacío, el miedo, la insuficiencia o la angustia que surgen cuando no hay acción, cuando estamos solo con el ser.


Por eso algunas personas no saben descansar.

Porque cuando paran… aparece una pregunta muy difícil:


¿Quién soy cuando no estoy haciendo?

Y aquí es donde esta conversación deja de ser solo personal.

Porque estas heridas no afectan únicamente cómo vivimos.


También afectan cómo nos relacionamos.


La persona que necesita sentirse útil, muchas veces termina amando desde la sobreentrega.


La que no sabe parar, suele estar físicamente presente… pero emocionalmente ausente.


La que vive en tensión constante, termina transmitiendo esa tensión a quienes ama.


Y quien siente que tiene que sostenerlo todo, muchas veces termina agotándose… y agotando también a los demás.


El problema no es parar.


El problema es todo lo que el parar deja al descubierto, lo que nos hace sentir… y sentirlo es fuerte, muy fuerte.


¿Cómo dejar de lado lo que te ha hecho sobrevivir en la vida?

¿Cómo te enfrentas a la vida sin esa armadura?


¿Te imaginas a un caballero durante un duelo, sin vestir armadura?


¿Te imaginas lo vulnerable que se sentiría? ¿Cuánto miedo?


Y quizá por eso hay personas que sienten ansiedad cuando no hacen nada.

No porque no sepan descansar.

Sino porque, quizás, nunca aprendieron a sentirse valiosas sin tener que demostrarlo constantemente.

Y eso cansa.

Cansa mucho.


Porque llega un punto donde ya no sabes si haces las cosas porque quieres… o porque necesitas sentirte suficiente.


Y lo más duro es que muchas veces eso que un día te ayudó a sobrevivir… termina afectando también la forma en la que te relacionas.


Porque quien siente que tiene que resolver siempre, termina cansándose.


Y muchas veces cansando también a los demás.


Quien vive sosteniéndolo todo, tarde o temprano se rompe… o se desconecta emocionalmente.


Y quien nunca baja la guardia, tampoco logra sentirse realmente en paz, ni consigo mismo ni con otros.


Por eso creo que esta conversación nunca se trató solamente de productividad, disciplina o manejo del tiempo.


Creo que se trata más de heridas.

De identidad.

De aprender a separar el valor personal del hacer constante.

De aprender a parar sin sentir culpa.

Y sobre todo…

de aprender que descansar no debería sentirse como peligro.


Un pequeño ejercicio

La próxima vez que tengas un momento libre, intenta algo simple:

Empieza con 10 minutos.

10 minutos sin hacer nada útil.

Sin agarrar el teléfono.Sin buscar distraerte.Sin prender algo para llenar el silencio.

Y si 10 minutos te parecen demasiado… empieza con 5.

Pero quédate ahí.


Observa qué pasa dentro de ti.

¿Qué aparece?

¿Ansiedad?

¿Culpa?

¿Incomodidad?

¿Vacío?

¿Necesidad de moverte?


No intentes corregirlo inmediatamente.

Solo obsérvalo.


Porque muchas veces pasamos años huyendo de emociones que nunca aprendimos a escuchar y al hacer nos ayuda a eso, a no escucharlas, no sentirlas. Pero el cuerpo es sabio, y por algún lado saldran, se mostraran.


Tal vez el primer paso no sea hacer más.

T

al vez sea empezar a observarte distinto.


Un Abrazo

Comentarios


bottom of page