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Abrir la caja de Pandora

Hay personas que llegan a ese punto en el que sienten que ya no pueden más.No porque algo específico haya pasado hoy, sino porque llevan tiempo cargando con un peso invisible: una mezcla de heridas no cerradas, culpas viejas y relaciones que se rompieron sin entender del todo cómo.


La Caja de Pandora y el Primer Paso que No Quieres Dar
La Caja de Pandora y el Primer Paso que No Quieres Dar

Hace poco alguien me escribió diciéndome que temía abrir “su caja de Pandora”.Que le daba miedo mirar lo que había adentro, porque intuía que iba a doler.

Y claro que duele.Pero no abrirla también duele.


Entonces, ¿con cuál dolor te quedas?¿Con el que te paraliza o con el que, aunque molesta, te permite sanar?


En ese mensaje había tres temas que suelen venir juntos: la soledad, las heridas emocionales no resueltas y las relaciones rotas —especialmente con los hijos o con los padres—.Tres temas que se enredan entre sí como hilos difíciles de desenredar: tocas uno y se mueve el otro.


Y eso está bien. Así funciona el alma: todo está conectado.


Por dónde empezar

Siempre que alguien me pregunta “¿por dónde empiezo?”, mi respuesta es la misma:por reconocer y por conversar.


Reconocer es mirarte sin filtros.Es aceptar que algo no está bien y que tú también tienes parte en lo que pasó.No se trata de culparte, sino de hacerte responsable.


Si todas las personas “te tratan igual”, si “todos se van”, si “nadie te escucha”, quizá haya un patrón que tú estás repitiendo.Reconocerlo es el primer paso.Sin eso, no hay movimiento.


El segundo paso es conversar.


Conversar con tus padres, con tus hijos, con tu pareja, o incluso con alguien que ya no está. Sí, también se puede hablar con los ausentes. Lo importante es darle voz a lo que callaste y escuchar lo que no quisiste oír.


Pero para eso se necesita algo más: valor.


Valor para mirar tus errores .Valor para aceptar que el otro también sufrió. Valor para no huir cuando el silencio se vuelve incómodo.


Sin valor, no hay conversación posible.


Reconocer, aceptar y reinterpretar

Reconocer no es lo mismo que aceptar.Reconocer es decir “sí, esto pasó y yo tuve parte en ello”.Aceptar, en cambio, no se dice, se siente.Si todavía te arde, todavía no has aceptado.

Aceptar no significa justificar al otro ni minimizar el daño.Aceptar es entender que el otro tuvo sus razones, que tú hiciste lo que pudiste y que las cosas fueron como fueron.


Y, sobre todo, aceptar que no siempre habrá reconciliación.A veces aceptar es soltar con dignidad y paz.


Cuando logras reinterpretar la historia, la herida deja de ser una sentencia y se convierte en un aprendizaje.Dejas de verte como víctima y comienzas a verte como protagonista.Y eso cambia todo.


El tiempo y las expectativas

En estos procesos no hay atajos.No hay “terapia exprés”, ni “milagros emocionales”.

Hay trabajo diario, constancia y sí, días en que parece que retrocedes.A veces crees que avanzas y al día siguiente estás otra vez en el mismo lugar.Pero eso también es parte del movimiento.


Cada quien tiene su propio tiempo.El tuyo, el del otro, el del vínculo.


No puedes apurar una reconciliación igual que no puedes hacer que un bebé nazca en cinco meses. Cada proceso necesita su gestación.


Si te apuras, te frustras.Y cuando te frustras, te rindes.Y cuando te rindes, repites la historia.


El valor de dar el primer paso

Hay una historia que suelo contar en mis sesiones: Un coachee se quejaba de que nadie lo saludaba.

Le pregunté si él saludaba primero. Dijo que no, “porque nadie lo hace”.


Así que lo invité a salir a la calle y saludar a todos los que pasaran. La mayoria le devolvio el saludo. Le mostré que a veces las cosas cambian cuando tú cambias primero. Pero también le mostré que dos personas no respondieron y que eso está bien. No todo el mundo va a corresponder a tu cambio.


El valor está en hacerlo igual.


Dar el primer paso no garantiza el resultado que deseas,pero sí te asegura que no te quedarás estancado.Y eso ya es un comienzo.


Cuando el desenlace no es el que esperas

A veces haces todo lo posible y la relación no se recupera.Y duele.Pero también eso es parte del proceso.


Aceptar que no todos los finales son felices es una forma de crecer.


No puedes obligar a alguien a perdonarte.No puedes forzar a otro a sanar al mismo ritmo que tú.


Y si llega el momento de decir “ya no más”,que sea desde la paz, no desde el castigo.


Hiciste lo que podías.Reconociste, conversaste, aceptaste.


Y si aun así no se pudo, honra lo que aprendiste y sigue adelante.


Si hoy quisieras dar el primer paso…

  • Escribe una carta que nunca enviarás, solo para vaciar lo que sientes.

  • Piensa en una conversación que necesitas tener y anota cómo la comenzarías.

  • Pregúntate: ¿Qué parte de esta historia todavía no he aceptado?


No necesitas resolver todo hoy.Solo empezar.


Para cerrar

La sanación no es un destino; es una práctica diaria.Y a veces, abrir la caja de Pandora no te destruye:te enseña quién eres cuando ya no huyes de ti.

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