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¿Por qué no puedes dejar de ver noticias durante una tragedia?


Hipervigilancia, doomscrolling y cómo proteger tu salud mental en tiempos de crisis.


Antes de comenzar, quiero aclarar algo importante.Este artículo no pretende minimizar el dolor que muchas personas están viviendo. Quien ha perdido un familiar, su hogar o aún espera noticias de un ser querido tiene razones de sobra para sentir tristeza, miedo o rabia. Mi intención es otra: explicar por qué, en momentos como estos, la forma en que consumimos y compartimos información puede aumentar ese sufrimiento o ayudarnos a sobrellevarlo mejor.


Introducción:

Durante los últimos días he hablado con varias personas afectadas por la tragedia. La mayoría siente una angustia permanente.


Hace unos días, una persona con la que trabajo como coach me llamó llorando. Hablamos casi una hora. No estaba llorando solo por el terremoto. Estaba agotada por todo lo que había visto, leído y escuchado desde que ocurrió. Básicamente, no se podía desconectar de las redes, y allí hay un punto que, para mí, es importante.


Lo he dicho en mis reels de Instagram en varias ocasiones: las redes pueden ser nuestras mejores aliadas, pero también nuestros peores enemigos.


Pasamos horas haciendo scrolling. Nos dicen una y otra vez que debemos cuidar el tiempo que pasamos allí, que el scrolling infinito fue diseñado precisamente para mantenernos conectados el mayor tiempo posible y que ese comportamiento termina afectando nuestra salud mental.


Como si eso no fuera suficiente, aparecen personas que, por conseguir un like, hacerse virales o simplemente por irresponsabilidad, publican cualquier cosa. Muchas veces son informaciones sin verificar, otras, fuera de contexto y algunas, completamente falsas. El resultado casi siempre es el mismo: más angustia, más incertidumbre y más personas creyendo en cosas que nunca ocurrieron.


Hipervigilancia, doomscrolling y cómo proteger tu salud mental en tiempos de crisis.
Hipervigilancia, doomscrolling y cómo proteger tu salud mental en tiempos de crisis.


Nuestro cerebro cambia cuando vivimos una amenaza:

Muchas personas creen que pasan horas viendo noticias porque son curiosas o porque 'no pueden despegarse del teléfono'. No necesariamente.


Cuando ocurre una tragedia, nuestro cerebro interpreta que existe una amenaza real. En ese momento entra en un estado conocido como hipervigilancia.


La psicología del trauma lleva décadas describiendo este fenómeno. Es una respuesta normal del cerebro ante una amenaza: permanece en estado de alerta intentando detectar cualquier señal que le permita responder una sola pregunta: ¿Ya pasó el peligro?


Hace miles de años esa estrategia aumentaba nuestras posibilidades de sobrevivir.


Hoy ocurre algo diferente: las amenazas que llegan a través de una pantalla y las redes sociales nunca terminan. Cada video lleva a otro. Cada noticia conduce a otra. Cada rumor genera diez publicaciones más.


Después de la pandemia comenzó a estudiarse con mucha más atención un comportamiento conocido como doomscrolling: el impulso de consumir compulsivamente noticias negativas esperando encontrar respuestas o recuperar una sensación de control.


Paradójicamente, mientras más tiempo pasamos allí, más difícil le resulta al cerebro salir del estado de alerta.


No es por falta de voluntad.


Es un cerebro intentando recuperar una sensación de seguridad.


El problema es que, si no somos conscientes de ello, en lugar de encontrar tranquilidad terminamos encontrando más angustia e incertidumbre.


Los algoritmos saben cómo mantenerte allí

Las plataformas digitales están diseñadas para captar tu atención. Si pasas varios minutos viendo videos sobre un terremoto, un rescate o una tragedia, el algoritmo interpreta que ese contenido te interesa y comienza a mostrarte más.


No distingue si lo ves porque te ayuda o porque te angustia. Solo entiende que permaneces mirando.


Mientras más consumes ese tipo de contenido, más recibe tu cerebro señales de que el peligro continúa.


Somos seres sociales. Cuando creemos que una información puede ayudar a proteger a nuestra familia o a nuestros amigos, sentimos el impulso natural de compartirla. Lo hacemos con buena intención.


El problema aparece cuando esa información nunca fue verificada. Y es allí donde, sin querer, podemos convertirnos en parte del problema.


El dolor necesita ser vivido. La ansiedad necesita ser regulada

No estoy diciendo que no sientas tristeza, miedo o rabia.


Sería absurdo.


Un terremoto, una tragedia o la pérdida de un ser querido producen exactamente esas emociones.

  • Lo normal es llorar.

  • Lo normal es sentir impotencia.

  • Lo normal es tener miedo.


Lo que intento explicar es otra cosa: una cosa es vivir esas emociones; otra muy distinta es alimentarlas durante horas consumiendo rumores, videos alarmistas y publicaciones sin verificar.


Las emociones necesitan expresarse. Hablarlas. Llorarlas.


Buscar ayuda cuando haga falta.


Pero la ansiedad también necesita regularse. Y una de las formas de hacerlo es siendo mucho más conscientes de la información que consumimos.


Compartir un rumor también puede hacer daño

Cuando compartimos información sin verificar no solo corremos el riesgo de informar mal. Podemos aumentar el sufrimiento de otra persona.


Un rumor puede acelerar el corazón, aumentar la ansiedad, generar desesperanza y convertirse en una carga emocional para miles de personas antes de que alguien confirme si era cierto o no.


El problema no siempre es la mentira

Hace poco vi un video que mostraba unos billetes de cien dólares semienterrados y deteriorados por la humedad.


La publicación decía:


"Hallazgo que da dudas.

Un joven encontró una supuesta caleta de dinero en billetes de 100 dólares... pero hay un detalle.

La mayoría está deteriorada por el tiempo y la humedad, lo que pone en duda si realmente puede usarse.

El video ya se volvió viral y divide opiniones.

¿Tú qué harías en su lugar?"


El video mostraba una toma cerrada: una mano recogiendo los billetes del suelo, entre tierra húmeda y hojas. No se veía ningún edificio derrumbado. No aparecía ningún rescatista. No había absolutamente ningún elemento que permitiera saber dónde ocurría aquello.


  • No decía dónde fue grabado.

  • No explicaba cuándo ocurrió.

  • No identificaba quién lo había registrado.

  • No aportaba ningún contexto.


Y, sin embargo, acumulaba más de 51.000 reenvíos y 36.000 "me gusta".


Lo interesante es que el video no afirmaba prácticamente nada.


Pero, mientras lo veías, probablemente tu cerebro empezó a construir una historia.


Quizás pensaste que era dinero escondido.

O producto de la corrupción.

O que había aparecido entre los escombros del terremoto.


Nada de eso estaba en el video.


Lo agregó tu cerebro.


Y no porque seas ingenuo.


Sino porque nuestro cerebro está diseñado para completar la información que falta.


Cuando además estamos angustiados, cansados o emocionalmente afectados, esa tendencia se intensifica.


Eso demuestra algo muy importante.


No hace falta inventar una noticia para desinformar.


Muchas veces basta con mostrar un pedazo de la realidad y dejar que la imaginación complete el resto.


¿Qué podemos hacer?

No se trata de dejar de informarse.


Informarse es necesario.


Lo que debemos evitar es consumir información de manera compulsiva.


Algunas recomendaciones sencillas pueden marcar una diferencia importante:


  • Elige dos o tres momentos del día para revisar noticias, en lugar de hacerlo continuamente.

  • Busca fuentes serias antes de creer o compartir información.

    • Revisa el perfil de quien escribe

    • Revisa el contexto del video.

    • Lee comentarios de otras personas.

    • ¿Cuántos seguidores tiene la persona que hizo la publicación?

  • Si una noticia te genera mucha angustia, verifica primero y reacciona después.

  • Pregúntate si compartir ese contenido realmente ayuda a alguien o solo aumenta el miedo.

  • Si notas que tu ansiedad aumenta, aléjate un rato del teléfono y vuelve cuando estés más tranquilo.


Cinco minutos para verificar una información pueden evitar horas de angustia para ti y para otra familia.


Personalmente, cuando recibo una noticia que me genera dudas, hago algo muy sencillo: entro a Google, reviso si otros medios serios también la publicaron y consulto distintas fuentes. Si todavía tengo dudas, utilizo herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT o Gemini para obtener más contexto y orientar la búsqueda. En uno o dos minutos, generalmente ya tengo mucha más claridad sobre si esa información tiene sustento o no.


No se trata de convertirnos en verificadores profesionales.


Se trata de asumir una responsabilidad muy sencilla: antes de compartir información que puede generar miedo o angustia, dedicar un par de minutos a comprobar si realmente es cierta.


Cuidar la mente también es una forma de ayudar

En una tragedia hay muchas cosas que no podemos controlar.


  • No podemos detener un terremoto.

  • No podemos evitar una réplica.

  • No podemos cambiar lo que ya ocurrió.

  • No podemos evitar el dolor de una pérdida.

  • No podemos impedir que aparezcan el miedo, la tristeza o la rabia.


Todas esas emociones son humanas.


Pero sí podemos decidir cómo manejamos la información que consumimos y compartimos.


En momentos como estos, verificar antes de reenviar un mensaje, limitar la sobreexposición a las noticias y elegir fuentes confiables no es indiferencia.


Es responsabilidad.


Y también es una forma de cuidar a quienes más queremos.


Porque, cuando todo parece fuera de control, evitar convertirnos en una fuente más de angustia es una manera concreta de ayudar.


Para quienes quieran profundizar

Las ideas que comparto en este artículo no son opiniones aisladas. Durante décadas, la psicología del trauma, la salud mental en emergencias y las ciencias del comportamiento han estudiado cómo reaccionamos ante una crisis y qué estrategias ayudan a reducir su impacto psicológico.


Si te interesa conocer más sobre estos temas, estas son algunas referencias ampliamente reconocidas:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Psychological First Aid: Guide for Field Workers. Guía desarrollada por la OMS junto con organizaciones internacionales para comprender las reacciones psicológicas ante desastres y cómo brindar apoyo inicial.

  • Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC). Psychological First Aid. Manual utilizado mundialmente para la atención de personas afectadas por desastres naturales, conflictos y otras emergencias.

  • Everly, G. S., Barnett, D. J., et al. Psychological First Aid: Rapid Proliferation and the Search for Evidence.Revisión científica sobre el desarrollo y la evidencia de los Primeros Auxilios Psicológicos como herramienta de intervención temprana.

  • El término doomscrolling comenzó a popularizarse durante la pandemia de COVID-19 para describir el consumo compulsivo de noticias negativas. Aunque el nombre es reciente, el comportamiento está relacionado con fenómenos ampliamente estudiados como la hipervigilancia, el sesgo de negatividad y la búsqueda de control frente a la incertidumbre.


Mi intención con este artículo no es convertir a nadie en experto en psicología ni en verificador de noticias. Solo recordar que, en momentos de crisis, entender cómo funciona nuestra mente puede ayudarnos a tomar mejores decisiones y a proteger tanto nuestra salud mental como la de quienes nos rodean.

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