¿Por qué me cuesta empezar si me gusta mi trabajo?
- Humberto Acuna
- hace 15 horas
- 4 min de lectura
Hay días en los que me siento frente al computador, miro la lista de cosas por hacer y simplemente... no arranco.
Si hay una lista de pendientes y estoy haciendo en mi trabajo, tengo cosas que hacer. Y no arranco. Lo peor es que no estoy perdido. Sé perfectamente cuál debería ser el siguiente paso. No tengo que pensar qué hacer. Ya lo sé. Sin embargo, cualquier tarea, por sencilla que sea, se siente pesada. Es como si necesitara hacer un esfuerzo extra solamente para comenzar. Lo curioso es que, cuando finalmente doy ese primer paso, la energía y el ánimo cambian.

Cuando estoy en esa situación, aunque cueste un poco, empiezo con una tarea pequeña y, casi sin darme cuenta, entro en ritmo. Trabajo, escribo, respondo correos, hago llamadas... y la sensación de resistencia disminuye.
Mirando esto en mi vida, me pregunto:
Si puedo trabajar durante horas una vez que empiezo, ¿por qué me cuesta tanto arrancar?
Pensé que era falta de disciplina, cansancio o que simplemente había perdido la motivación.
Pero con el tiempo empecé a observar algo distinto.
Cuando trabajar deja de sentirse como construir
Hay una enorme diferencia entre trabajar dentro de una organización y trabajar por cuenta propia.
Cuando trabajas en una empresa, cada día suele tener una estructura. Hay reuniones, objetivos, equipos, fechas de entrega y proyectos que avanzan paso a paso.
Al terminar la jornada, incluso si el proyecto no ha concluido, puedes sentir que has construido algo. Resolviste un problema. Terminaste una reunión. Entregaste un informe. Diste el siguiente paso. Y al día siguiente, comienzas de nuevo, no hay espacio para no arrancar, arrancas porque arrancas.
El cerebro necesita esa sensación de avance. Necesita sentir que una acción produjo una consecuencia.
Cuando trabajas por tu cuenta, esa experiencia cambia.
Escribes un artículo. No sabes cuántas personas lo leerán.
Grabas un video. No sabes si tendrá alcance.
Envías una propuesta. No sabes si será aceptada.
No es que estés haciendo algo mal.
Es que muchas veces el resultado ya no depende únicamente de tu esfuerzo.
Y, poco a poco, el trabajo deja de sentirse como una construcción en la que cada ladrillo es visible para convertirse en algo mucho más parecido a sembrar.
Quien siembra prepara la tierra.
Escoge la semilla.
La riega.
La cuida.
Pero no controla cuándo llegará la lluvia ni cuándo aparecerán los primeros brotes.
Aun así, necesita seguir cuidando aquello que todavía no puede ver.
Trabajar por cuenta propia se parece mucho a eso.
No siempre es falta de ganas
Muchas personas creen que necesitan más motivación. No estoy tan seguro. Hay personas que disfrutan profundamente de lo que hacen. En mi caso, disfruto, enseñar, crear, escribir, vender, liderar o ayudar a otros.
Sin embargo, cada mañana siento una enorme resistencia para empezar.
Quienes me conocen saben que amo lo que hago. Pero a veces la cosecha tarda mucho en dar frutos, y cuando eso ocurre, nuestro cerebro intenta proteger nuestra energía.
No dice:
"No quiero trabajar."
Dice algo como por ejemplo:
"¿Y si hoy vuelvo a esforzarme y tampoco pasa nada?"
No es una pregunta cómoda.
Pero creo que muchos emprendedores la hemos sentido alguna vez.
Cambia la pregunta
Lo que he aprendido en el día a día es cambiar la pregunta, ya no me pregunto:
"¿Tengo ganas de trabajar?"
La gran mayoría de las veces me respondía “NO”
Ahora la pregunta que me hago, es:
"¿Cuál es la primera acción que depende completamente de mí?"
No el proyecto completo.
No el cliente.
No la venta.
No el resultado.
Solo la siguiente acción.
Abrir el documento.
Responder un correo.
Escribir el primer párrafo.
Hacer una llamada.
Muchas veces el mayor obstáculo no es el trabajo.
Es el primer paso.
Y, una vez que lo damos, el cuerpo y la mente suelen encontrar su propio ritmo.
Recuerdo haber leído en algún sitio, el primer paso para correr un maratón, es ponerse los zapatos para salir a correr, lo demás viene solo.
Basado en mi experiencia, te dejo
Un ejercicio sencillo
Durante una semana, antes de empezar tu jornada, toma una hoja y responde estas tres preguntas.
1. ¿Qué espero que ocurra hoy?
Escríbelo con honestidad.
2. ¿Eso depende completamente de mí?
Si la respuesta es no, reconócelo.
No controlamos que un cliente compre.
No controlamos el algoritmo de las redes sociales.
No controlamos que una negociación llegue a buen término.
3. ¿Qué sí depende completamente de mí?
Haz de esa respuesta tu objetivo del día.
Escribir el artículo.
Publicar el video.
Hacer tres llamadas.
Enviar la propuesta.
Cuando termines, táchalo.
Parece un ejercicio muy simple, pero no lo es. Y por ello es importante nodejes de ahcerlo.
Tampoco te va a quitar mas de 5 minutos, y quizás, sea el primer paso del día para activarte.
Lo cierto es que poco a poco ayuda a que nuestra satisfacción deje de depender únicamente de resultados que muchas veces no controlamos.
Ahora bien, no descartes tu historia personal, hacerte consciente de ella puede ayudarte mucho.
¿Y si esto tiene una historia más antigua?
No todas las personas viven esta realidad de la misma manera.
Hay quienes toleran muy bien la incertidumbre y quienes sienten que cada resultado pone en juego algo mucho más profundo.
Si este artículo resonó contigo, quizás valga la pena hacerte una pregunta:
¿Qué es exactamente lo que se activa en mí cuando las cosas no salen como esperaba?
Tal vez descubras que no se trata solo del negocio, del dinero o de los clientes.
Quizás algunas experiencias del pasado te enseñaron, sin darte cuenta, que necesitabas controlar más las cosas para sentirte seguro, demostrar constantemente tu valor o esforzarte el doble para sentir tranquilidad.
No se trata de buscar culpables ni de explicar toda nuestra vida por la infancia.
Se trata de comprendernos un poco mejor.
Porque cuando entendemos el origen de algunas de nuestras reacciones, dejamos de pelear con ellas y empezamos a responder de una forma más consciente.
Una reflexión final
Trabajar por cuenta propia tiene una particularidad que pocas veces se menciona.
Muchas veces hacemos hoy un esfuerzo cuya recompensa llegará semanas o meses después.
Y otras veces, no llegará.
Esa es la naturaleza del camino que elegimos.
Por eso, quizás el desafío no sea encontrar más motivación.
Quizás el verdadero desafío sea aprender a seguir sembrando, incluso cuando todavía no vemos la cosecha.
Porque las cosechas llegan a su tiempo.
Pero las semillas solo brotan si alguien decidió cuidarlas mucho antes de que aparecieran los primeros frutos.




Comentarios